Pumping Private Money into Trade Activities

Inyectar capital privado en actividades comerciales

Tradicionalmente, los bancos y otras instituciones financieras han proporcionado financiación comercial a las empresas importadoras y exportadoras. Esta dependencia del sector financiero afecta negativamente tanto a importadores como a exportadores cuando necesitan obtener financiación o crédito, sobre todo en épocas de recesión. En realidad, en cualquier crisis financiera, la inevitable escasez de efectivo y crédito que los bancos imponen a sus clientes supone una carga adicional para los productores o fabricantes, pues a los problemas derivados de la crisis se suma la falta de financiación. Todos conocemos ejemplos de empresas que se han visto obligadas a reducir su actividad, o incluso a cerrar, por falta de liquidez o del crédito necesario para continuar operando.

Sin embargo, están entrando en escena nuevos actores. Los inversores privados, conscientes de las ventajas y la relativa seguridad que ofrece el comercio, están dispuestos a apoyar la actividad comercial y, al mismo tiempo, obtener cierta rentabilidad por sus inversiones.

Opciones para los inversores

Un inversor dispone de distintas opciones para financiar operaciones comerciales; en este artículo mencionaremos una de las más sencillas.

Todas las empresas, independientemente del sector en el que operen, necesitan mantener existencias en sus almacenes.

En algunos casos, las existencias consisten en materias primas adquiridas a sus proveedores o en productos semielaborados que deben incorporarse al proceso de producción. En otros, se trata principalmente de productos manufacturados almacenados a la espera de ser enviados al comprador final, o de cualquier tipo de fuente de energía necesaria para la producción.

En ambos casos, la empresa refleja en su balance el valor de las existencias, que debe financiar con recursos propios o mediante un préstamo bancario. Cuando hay falta de liquidez o escasez de crédito, el problema se agrava si las existencias deben almacenarse durante largos periodos, ya sea por la naturaleza de los propios bienes —como la madera, que tarda en secarse— o por la estacionalidad del producto, como el zumo de naranja, que debe elaborarse durante la temporada de cosecha.

Veamos un ejemplo práctico para entender las ventajas:

Una planta siderúrgica española necesita carbón para su proceso de producción. Debido al elevado impacto del transporte en el coste de compra, la empresa adquiere grandes cantidades (por ejemplo, 25.000 toneladas métricas) en Colombia para reducir el coste y conseguir un mejor precio de compra. El problema surge cuando la empresa comprueba que 25.000 toneladas métricas cubren sus necesidades de producción durante un periodo de seis meses y, por tanto, debe financiar las existencias —además de todos los costes adicionales de importación y transporte— con su capital circulante o mediante un préstamo bancario. Por desgracia, comprar una cantidad menor de carbón supone un coste de compra más elevado.

El acuerdo entre el inversor —normalmente un grupo de inversores que opera a través de una sociedad instrumental (SPV)— y la planta siderúrgica puede estructurarse de muchas maneras, según el periodo durante el cual ambas partes quieran financiar las existencias y las funciones que vaya a desempeñar cada una, teniendo en cuenta los aspectos comerciales, la imagen, el coste, etc.

La forma más sencilla es la siguiente: el inversor compra el carbón directamente al vendedor en Colombia, en las condiciones (precio, calidad, cantidad, etc.) negociadas previamente por la planta siderúrgica, y solicita que se entregue en el almacén de esta.

El inversor asume todos los costes de la operación de importación (compra, transporte terrestre, transporte marítimo, descarga, aranceles, etc.) y conserva la plena propiedad del producto almacenado en el almacén de la planta siderúrgica.

De acuerdo con lo pactado, la planta siderúrgica retira diariamente del almacén la cantidad que necesita para su producción y, al final del mes, paga al inversor el importe establecido en el acuerdo, es decir, el precio de compra + la parte proporcional de los costes asociados + un porcentaje de beneficio para el inversor (calculado en función del tiempo).

En la práctica, el inversor se convierte en un proveedor de carbón «justo a tiempo» para la planta siderúrgica.

Las ventajas para ambas partes son considerables: la planta siderúrgica solo paga cuando utiliza efectivamente el carbón y solo asume un pequeño coste adicional (es decir, el beneficio del inversor) por el periodo de financiación, que en el modelo tradicional equivale a los costes financieros bancarios. Además, su ratio de endeudamiento es menor, ya que no existe ningún préstamo bancario y la obligación con el inversor deriva de un acuerdo comercial.

Desde el punto de vista del inversor, este obtiene beneficios durante el periodo en que asume los costes, sin correr un riesgo elevado, porque es el propietario del carbón en todo momento hasta que se lo vende a la planta siderúrgica.

Este esquema de colaboración ofrece numerosas opciones en diversos sectores y con distintos productos y funciones. De hecho, cada operación se estructura adecuadamente para generar beneficios para ambas partes. En próximos artículos analizaremos distintas opciones basadas en la misma estructura de colaboración entre inversores privados y empresas de comercio exterior.

Carlos Bacigalupe

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